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El ciudadano no está solo ante la Ley

Desde hace mucho tiempo, ha habido una barrera que ha distanciado al ciudadano y al abogado, no exenta de prejuicios. Estos se han alimentado por lugares comunes como su coste elevado, la poca claridad de la relación entre profesional y cliente, o la corruptibilidad de su conducta. A pesar de ello, la sociedad valora positivamente su trabajo.

Así, en el V Barómetro Externo de la Abogacía, estos profesionales volvieron a quedar en primer lugar entre todas las instituciones jurídicas sometidas a evaluación pública. El propio Barómetro llama la atención acerca de Estados Unidos, donde la Abogacía está muy bien considerada únicamente por el alto nivel medio de honorarios que ha logrado consolidar. Sin embargo, está en las últimas posiciones en el ranking de confianza ciudadana.

La incomprensión que a veces sufre el abogado no es algo aislado en todo el sistema jurídico en el que vivimos. En este sentido, el V Barómetro Externo de la Abogacía contiene en sus conclusiones datos que atestiguan que los abogados tienen que dar resultados a sus clientes a través de un sistema no exento de defectos:

  • El 82% de los ciudadanos piensa que el lenguaje y los procedimientos de la Justicia son excesivamente complicados y difíciles de entender para el ciudadano medio.
  • El 80% de los ciudadanos piensa que, en general, la Justicia sigue sin estar organizada y sin funcionar como cabría esperar en una sociedad moderna y avanzada.
  • Para el 77%, con los medios existentes y su actual forma de funcionar nuestra Justicia no puede contribuir con la eficacia y rapidez que debería a investigar y castigar la corrupción.
  • Un 73% sostiene que en muchas ocasiones no sirve de nada ganar un pleito, porque en la práctica la sentencia es papel mojado ya que o no se cumple o se cumple tarde y mal.

 

No obstante, esta “mala fama” de los abogados, que no se refleja en el Barómetro del Consejo General de la Abogacía, pero que es patente en ocasiones, tan generalizada como injusta, ha tenido un momento de cambio en positivo en los últimos tiempos, sobre todo en el marco de dos grandes campos; el hipotecario y los productos bancarios.

La mayor visibilidad del trabajo del abogado en pro no solo de la defensa de su cliente, sino con vocación de cambiar las inercias de considerar a la banca como un titán invencible ha ido suavizando la actitud de la sociedad hacia los profesionales del Derecho. Podemos decir, sin temor a exagerar, que la sociedad se ha ilusionado con la Abogacía. Y no es desacertado, porque no han sido los profesionales de grandes despachos, con visibilidad en los periódicos o miembros de lobbys los que han logrado dar campanazos contra las malas prácticas bancarias; pero también contra los políticos corruptos o los abusos en el mundo del trabajo; sino frecuentemente abogados de despachos pequeños, o que trabajan solos, o con pocos años de experiencia.

Este tipo de profesionales está dando lustro a una profesión que es necesaria, útil y noble. Poco a poco, y gracias a campañas como la activada por el Colegio de Abogados de Madrid en verano de 2016 acerca de la llamada “Abogacía preventiva”, se está logrando reforzar el prestigio de la profesión, subrayando la importancia de la función preventiva de la Abogacía, al concienciar a los ciudadanos que la consulta madrileña de las ventajas de tener asesoramiento profesional de forma preventiva, reconociendo a los abogados como el profesional que es capaz de guiar con mano firme entre todas las dudas y hasta los miedos que surgen en medio de una contratación, una compra venta, una herencia o una denuncia.